Es inevitable no sentir cosquilleo al verlo, al tocar sus manos, sus labios. Mirarlo, ver como sus ojos brillan, sus suaves labios, su piel, sus agradables manos, su hermosa nariz, sus tiernos y finos abrazos que me hacen sentir en otro mundo, sus besos tan románticos, sus caricias, me encanta estar junto a él.
Creer que nada tiene fin, odiar que los minutos pasen tan rápidos a su lado, suspirar esperando a que llegue la tarde para verlo, soñar cada noche con sus tiernos y cálidos abrazos, caminar junto a él, tomados de la manos, abrazados y felices.
Ha comenzado algo que quise hace mucho tiempo, algo que anhelé en su minuto, algo que ansié con todas mis fuerzas, algo que nunca esperé que sucediera, pero aquí estoy, enamorada de un hombre, el cuál me enamoró en tan poco tiempo como nunca otro lo había hecho jamás. Alguien que llegó de la nada, simplemente apareció, me iluminó y borró todos mis problemas, todas mis dudas y mis penas. ¿Yo?, alguien que te sueña, que sólo quiere tu felicidad, que te cree imprescindible, que te quiere como a nadie, que te espera, que te quiere hacer feliz y tú sabes que soy yo.
Es que el, sin duda alguna, es el mejor.
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