“Me llamó tarde ayer, en la noche para decirme que me amaba, pero ya no importa. Le dije que nunca le había importado y nunca le importará”.

7.07.2010

Tras un largo e inverosímil pensar

Extrañamente hoy, un día igual a todos, no muy peculiar que digamos, comencé a hacerme las ridículas preguntas que siempre me hago cuando pierdo la mirada, pero fue algo extraño, hoy fue diferente, absolutamente. Mirando a mi alrededor, no hallaba ninguna flor, árbol o alguna ramita que me hiciera imaginarme lo hermoso que es estar sentada en medio de una pradera, desierta, sin nadie que te cause molestias, ni mucho menos decepciones. Claro, hoy fue diferente porque no hallé la Gran Madre de todas mis inspiraciones. Y pensar, que el hombre, incapaz de "convivir" con algo tan precioso y divino que Dios nos da cada día para así, personas como yo, o quizás para que todo ser humano sea feliz y encuentre a su alrededor lo que en él, sin duda no hay. Hoy no hablaré de amor, ya es tarde para hablar de amor, el amor es precioso cuando es indicado, pero sólo dejaré en las manos de Dios a mi "verdadero amor" por el cual, El me resguarda tanto.

Y así, recorrí mis sueños, y las preciosas imágenes que no podía sacar de mi mente, esas preciosas y maravillosas praderas, árboles en plena primavera donde arrogan su polen al viento como su fiel amante, una timidez increíble pero tan hermosa. Cerrando los ojos, seguí, caminé y corrí, observando a mi alrededor otoñales perspectivas, los bosques coníferos, los lagos, el invierno, los árboles en flor, el paisaje frío y denso, las altas montañas, barcos de velas y las noches llenas de estrellas.
Un día más, en que la naturaleza no deja de palpilar en mi corazón, me mantiene viva, me da energía, su luz, sus hojas de otoño. Que más da, algo más bello que da esperanzas y nos deja atentos.

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