Me olvidé de su mirada,
olvidé sus besos, sus caricias,
olvidé el aroma de su colonia cada vez que llegaba y me saludaba,
olvidé sus manos, sus gestos, sus palabras,
olvidé sus gustos, olvidé sus enojos,
olvidé lo que sentía tocar su piel,
olvidé todas esas noches en que los besos eran las palabras,
olvidé lo que era amar de la manera en que a él lo amaba,
olvidé lo que era sentir tan apasionadamente,
olvidé lo que era querer tanto a una persona,
olvidé lo feliz que esa persona me hacía sentir.
En fin, entre tanto olvido, hoy te vuelvo a recordar. Te vuelvo a recordar como al primero que he tenido, como el primero que me ha enseñado tanto, como el primero que me hizo entender que el amor lo podía todo, como al primero a quien me entregué. Porque tú no sabes la angustia que me da saber que soñábamos tanto juntos, que la fe era nuestro pilar, que los rezos por las noches eran sólo para pedir una vida juntos, eran para seguir de las manos, seguir besándonos todas las noches sin cansancio, era querernos por sobre todo, era llenarnos de amor, eran días de ternura, de apasionados besos que me hacía mirar las estrellas, de noches inolvidables juntos, de días que nadie borrará de mi mente y mi corazón, de esas cosas que sólo tú lograbas en mi, de todo aquello que te hacía tan único, de esas corridas a caballo, de esas poquitas noches juntos, pero felices, amándonos, besándonos como locos, de todo aquello que tú hacías para llegar a las nubes, de tus manos tocando mi cintura, de tus labios juntos a los míos, cuando rozabas mi cuello con la yema de tus dedos. Todo eso me hace difícil de olvidarle y muchas cosas más pero... lo que nunca he olvidado, es su sonrisa.
Qué lindo escribes, Geni
ResponderEliminarEchaba de menos leerte en el blog